viernes, 17 de enero de 2025

Hace 60 años Perón le escribía esta carta a Atilio Garcia Mellid: "Efectivamente, el trabajo de las distintas tendencias comunistas se ha particularizado especialmente sobre el Justicialismo, ya sea mediante la infiltración y la provocación, como por un empeño de acercamiento hacia mí que vengo percibiendo desde la caída de mi Gobierno."

 



Carta a Atilio Garcia Mellid 17 de enero de 1965 


Escrito por Juan Domingo Perón. 


Madrid. 17 de enero de 1965.


Al Dr. Atilio García Mellid


MONTEVIDEO


Mi querido amigo:


A poco de despachar mi contestación a su anterior, he recibido su carta del 9 de enero en la que se refiere Usted al incidente del diario "Época". Efectivamente, el trabajo de las distintas tendencias comunistas se ha particularizado especialmente sobre el Justicialismo, ya sea mediante la infiltración y la provocación, como por un empeño de acercamiento hacia mí que vengo percibiendo desde la caída de mi Gobierno. Indudablemente esto está dentro de la táctica comunista: ganar para sí la simpatía de los movimientos populares. Desde 1955 he recibido invitaciones y tentaciones de todo orden.


Varios ofrecimientos del comunismo argentino me han llegado y, entre ellos uno de hace poco tiempo, a base de quince puntos en los que se buscaba coincidencia doctrinaria. Conozco muy bien a los comunistas como para acordar compromisos con ellos y me limité a decirles que eso lo podríamos ver cuando regresara al país. Ahora sé "que han llegado aun acuerdo con el Presidente Illia por intermedio de su cuñado, el Doctor Martorell, que es uno de los capitostes del comunismo argentino y el que me hiciera llegar el ofrecimiento de que antes le he hablado-


Es lógico que así, todo hace pensar que el comunismo en la Argentina avanza a toda fuerza y eso ha de hacernos reflexionar porque, dentro de nuestra gente, hay muchos proclives a caer en sus redes por simpatía o por desesperación. Como Usted vierte observando por lo que me dice de la carta de "Época", también un dirigente gremial importante -Amado Olmos- me ha escrito una carta abierta en la que me indica la conveniencia de residir en Cuba. Eso no es casual y se viene produciendo desde que España ha tomado una actitud contra mí. Es que en este país, a pesar de lo que algunos piensan y sostienen, existe una organización que mantiene muy bien informados a los que, desde fuera, combaten incesantemente al orden aquí establecido.


Es muy sintomático que, desde el fracaso de mi viaje a la Argentina, los círculos procomunistas se empeñen por desplazarme hacia zonas de influencia de esa tendencia, lo que quiere decir que nuestro país es un objetivo importante para el comunismo. Es indudable que si salgo de España, como todo lo hace preveer, deberé residir en uno de los diez o doce países que me han ofrecido amparo y que allí estaré al alcance de su influencia de la que no es fácil escapar cuando existe un cierto grado de dependencia.


Pero, lo realmente incomprensible, es que la presión se sienta reforzada por la acción de los que se manifiestan anticomunistas, que insisten en molestarme para que yo termine por abandonar este país. Hay que persuadirse dé que no todos los que hablan de anticomunismo lo son, comenzando por los Estados Unidos que desde la famosa Conferencia de Yalta demostraron su acuerdo con el imperialismo soviético, a fin de poder dividir al mundo en dos porciones en las cuales dedicarse a la explotación de los pueblos.


La dura experiencia me viene demostrando que en todo esto existe la más descarada simulación y que las causas que se dicen defender son sólo pretextos para poder medrar en medio del más monstruoso egoísmo. Es indudable que este mundo está en plena decadencia y que los verdaderos valores se estremecen vergonzantemente dominados por tanta inmundicia. Los hombres son de una pequeñez que aterra. En estos últimos años de mi vida me ha sido dado percibir más verdades que en el resto de mis días. No es que me haya desilusionado, porque jamás me suelo hacer ilusiones, pero es menester vivir la suerte del proscripto, para no llevarse a la tumba el secreto de lo que nos ha rodeado sin percibirlo.


Dicen que Aníbal, proscripto, fue aparar en el Reino de Epiro, cuyo Rey le debía marcados servicios desde cuando su gloria esplendía más allá de Cartago. Cuando las legiones de Escipión El Africano destrozaron a Cartago ya los cartagineses en Zamma, destacaron una fuerza hacia Epiro en procura de Aníbal a quien el Rey pretendió entregar olvidándolo todo. El único grande de Cartago, Aníbal, al decir de Federico El Grande tomó el último recurso: morir dignamente y se suicidó ingiriendo un veneno que guardaba en su anillo. Es la suerte del proscripto cuando se trata de cartagineses y romanos. Desde entonces la humanidad no ha cambiado sino de ropa, especialmente, para los que creen que lo único sublime de las virtudes está en su enunciado.


Cuando uno sabe éstas cosas ya le queda poco de qué asombrarse, pero es indudable que el hombre es tan torpe que a menudo es el único animal que suele tropezar dos veces en la misma piedra. Sin embargo, hay que seguir viviendo, aunque para eso sea necesario chapalear permanentemente en el barro.


Le ruego que salude a los compañeros. Un gran abrazo.


Firmado: Juan Perón.


miércoles, 18 de diciembre de 2024

Hace 58 años Perón le escribía esta carta a Cooke: "He tenido tanteos de todas partes y si hubiera querido arreglar mi situación no habría tenido dificultad alguna, pero ello habría sido siempre en detrimento del pueblo."

 


Carta a John W. Cooke 18 de diciembre de 1956 


Escrito por Juan Domingo Perón. 


Caracas, 18 de diciembre de 1956


Señor Embajador D. John J. Cooke, Montevideo.


Mi querido amigo:


Contesto su carta del 19 de noviembre pasado que me ha llegado con gran retardo. Le agradezco sus informaciones y su amable saludo que retribuyo con mi mayor afecto.


Coincido con usted en todas las apreciaciones que me envía y creo que la situación va evolucionando con celeridad aunque no hay que hacerse ilusiones sobre los plazos cortos. Todo va a caer por descomposición y la descomposición necesita su tiempo y sus etapas. Coincido también en que la canalla dictatorial está quemando etapas por los despropósitos que evidencia y quizá haya que pedirle que no se apure tanto. Me preocupa nuestra organización. 


Según las noticias que poseemos aquí, la resistencia se intensifica y se extiende de manera racional en todo el país. He recibido algunos emisarios del Gran Buenos Aires, del Norte y de Cuyo por los que me entero de los progresos realizados en la resistencia y organización. El proceso es lento porque a la tarea difícil de por sí de la organización integral, se suma el factor clandestinidad que lo dificulta. Sin embargo hay un factor que es decisivo para acelerar es el entusiasmo y el odio, que han comenzado a actuar de manera determinante. He aprendido así que si bien el ideal es una fuerza poderosa que da continuidad en el esfuerzo, el odio no lo es menos, porque asegura intensidad al mismo. Precisamente lo que nos faltó a nosotros fue el odio pero, ahora, lo tenemos y "por toneladas".


Estamos entrando al período de la desesperación que es otra de las circunstancias un tanto desconocidas para nosotros que ac tuamos siempre en condiciones tranquilas y, a veces, apacibles. Los pueblos que no reaccionan por ideal, debido a cualquier circunstancia, reaccionan después por desesperación, y para ello, la dictadura nos está ayudando grandemente. En general, los militares y marinos, han sido siempre factores de desesperación en todos los pueblos y en todos los tiempos. Estos no podrán ser una excepción, por lo que vienen mostrando. De manera que todo va bien, por lo mal que va.


Me preocupa nuestra organización porque, según lo preveo, el camino seguido por la lucha conduce al caos y el final puede ser precisamente ese caos. Con él pueden llegar las horas de las decisiones y allí dirá la última palabra el que tenga una masa orga­nizada y disciplinada con la preparación suficiente para ser em­pleada con unidad de concepción y unidad de acción. Me temo que, dado el rápido desenvolvimiento de los acontecimientos, se llegara a precipitar el desenlace antes de lo previsto y nos encontrará sin la preparación necesaria para recibir le cosa.


Sin embargo, creo que eso puede ser sólo en un caso un tanto fortuito y que lo natural es que se caiga como por una cascada, de saltito en saltito. Siempre aparecerán algunos "salvadores de la Patria" que quieran "copar" pero, nuestra gente va atropellar contra todos ellos. No nos faltará un Kerensky pero sin duda tampoco dejará de aparecer un Troski. El final sera siempre el mismo si la masa se mantiene firme, porque hasta que no se diga la última palabra no habrá final para nosotros. No entraremos en el peligroso y aleatorio campo de las transacciones porque ello significa limitaciones: nuestro juego será o todo o nada. Ello se explica si se considera que no buscamos soluciones para algunos hombres sino para el pueblo. He tenido tanteos de todas partes y si hubiera querido arreglar mi situación no habría tenido dificultad alguna, pero ello habría sido siempre en detrimento del pueblo. Yo no necesito soluciones para mi, porque mi única solución es que el pueblo obtenga las suyas. ¿Qué puedo yo esperar en lo que me queda de vida? Mi única aspiración es poder transcurrir el resto, de acuerdo con el viejo aforismo español, "vivir la vida se debe, que al morir viviendo quede". Nada más de acuerdo con la situación que se me ha planteado en esta dura etapa de la que es necesario sacar una gran ventaja a favor del pueblo porque es precisamente allí donde se puede honrar la vida de manera imperecedera.


Mi camino es fácil: enfrentar la etapa para que los jóvenes puedan hacer pie y tomar nuestro "testimonio" para llevarlo al triunfo a través del tiempo que ya está a punto de terminar con nosotros. Ellos serán nuestros hijos espirituales y a ellos les hemos preparado la gloria que nosotros no pudimos o supimos conquistar.


Me ha preocupado el traslado de John a Gallegos porque eso indica que alguna indiscreción se ha deslizado por alguna parte. Yo me he cuidado de no decir una sola palabra a nadie sobre su desig­nación. Todos saben que en Buenos Aires habrá quien se haga cargo en caso necesario pero nadie ni siquiera puede sospechar que sea él. Por mi parte he tenido especial precaución porque descartaba que si se conocía algo al respecto todo el peso caería sobre él. Por eso creo que es necesario no armar mucho revuelo sobre este asunto y evitar que Hasta nuestra gente conozca el asunto. No olvide que aún dentro de nuestra propia gente puede haber interesados en que se sepa.


Sobre el Capitán Arrambide he tenido noticias y sé que se en­cuentra trabajando allí. Sin embargo hay que prevenirlo porque ya están tratando de hacer circular versiones peyorativas a su respecto. No se trata de él sino que se sabe que es un hombre de John. Le ruego que le diga que yo sé quién es y que no desconozco que fue él que se quedó en la casa de la Intervención del Partido en la Capital cuando los demás se fueron. Que no haga caso de las patrañas y que siga sin discutir con nadie, que es la mejor manera de matar a la canalla y a la difamación.


Yo también conozco -todo lo que pasa en el Ejército y que usted me dice que le ha informado Embrioni pero, no hay que hacerse ilu­siones sobre lo que los militares hagan porque eso no será nada que nos pueda ilusionar a nosotros. Tenemos mucha gente comprometida en el Ejército, especialmente en el sur y en el norte y nordeste pero, ellos podrán ser sólo útiles para la etapa que el pueblo debe cumplir en la insurrección para el final, que se producirá en el momento en que el caos se haga presente y la canalla dictatorial quiera reaccio­nar violentamente como acostumbra. Si quiere seguirnos a nosotros necesitará varios millones de soldados y ametralladoras que, para el caso, le servirán de poco.


Hace pocos días al General Magliore en Haití le sucedió lo que nosotros le preparamos al inefable Aramburu. Si la gente cumple las directivas, cuando las curvas de su descomposición con nuestra organización se crucen, tendrán una sorpresa que ni siquiera la piensan.


Si le escribe a John le ruego que le haga llegar mi gran abrazo y mi pena por lo de Gallegos.


Al pobre doctor Ramón Carrillo que estaba trabajando en Be- lem, le ha dado un ataque muy peligroso. Se trata de un derrame cerebral, con parálisis de la mitad izquierda del cuerpo y su estado, según me informa la señora, es grave. No se lo ha podido trasladar a Río precisamente por la gravedad. El pobre, como buen médico, no ha dado importancia a su-presión (26 y 15) y en aquel clima infernal lo ha golpeado. Yo le había dicho varias veces que se viniera a Caracas pero, el hombre parece que se había arraigado allí.


Le ruego saludos para todos los amigos de esa.


Un gran abrazo.


Juan Perón


martes, 17 de diciembre de 2024

Hace 173 años acontecía la Batalla del Paso del Tonelero.

 



En el Paraje El Tonelero, actualmente situado en el Partido de Ramallo, Pcia. de Buenos Aires, tuvieron lugar dos batallas, una el 22 de noviembre de 1845 y la otra el 17 de diciembre de 1851, ambas durante el gobierno de Juan Manuel de Rosas. (1) La primera fue una de las acciones militares de la denominada “Guerra del Paraná”, la otra se libró durante la defensa que las fuerzas federales hicieron contra la flota imperial del Brasil y las huestes unitarias y urquicistas en su paso por el río Paraná, en la campaña que determinó el final de la Santa Federación.


No es difícil sostener que por tratarse la primera de las acciones nombradas de un suceso acontecido apenas dos días después de la batalla de Vuelta de Obligado, que la misma halla pasado casi desapercibida en las crónicas históricas posteriores, ello en virtud de que el 20 de noviembre de 1845 acaparó la atención de periodistas nacionales e internacionales con igual margen de interés y magnitud. Ni siquiera existe una mención por parte de Adolfo Saldías en su Historia de la Confederación Argentina sobre la primera batalla de El Tonelero del 22 de noviembre de ese mismo año.


El lugar se llama así –Tonelero- porque en donde hoy se encuentra la isla de las Lechiguanas, justo frente a la costa donde Mansilla defendió la posición, había unos viejos españoles que hacían toneles, de ahí lo de Tonelero: y en otra isla más pequeña situada más adentro, estaba la bodega. Este corredor del Paraná era, junto al de la zona de la Vuelta de Obligado, el que más cerca pasaba de la costa, de allí que el Tonelero se convirtió de 1845 a 1851 en un sitio indispensable para atacar a las flotas anglofrancesas, primero, y lusitanas, después. Aunque, según versiones de lugareños, en la batalla del 22 de noviembre de 1845 se luchó solamente contra las tropas navales de Francia.


Desarrollo de las acciones


En 1851, el general Lucio Norberto Mansilla dirigió una ofensiva contra 7 buques brasileños que navegaban el río Paraná. (2) Otra versión indica que fueron once los navíos imperiales, flota que “conducía a la primera división del ejército” del Brasil. (3) El brasileño Miguel de Souza Mello y Alvim era el Comandante en Jefe de las fuerzas navales imperiales apostadas en el río de la Plata que cañonearon El Tonelero. Esta maniobra formaba parte de la coalición que lusitanos, uruguayos y entrerrianos opusieron a Juan Manuel de Rosas para su derrocamiento. Aquellos navíos del Brasil habían zarpado de la ciudad de Colonia, Uruguay, lugar donde se acoplaron en carácter de “invitados especiales” los oficiales unitarios Wenceslao Paunero, Bartolomé Mitre y Domingo Faustino Sarmiento.


A las 12:12 del 17 de diciembre de 1851 empezó la ignorada aunque importante batalla de El Tonelero en que la Federación se batió contra los buques imperiales del Brasil. Como bien lo da en señalar Lagos, la “artillería argentina abrió el fuego con “balas rojas”, el proyectil incendiario de la época”, mientras que los navíos brasileños “contestaron el fuego inmediato con sus sesenta cañones y con los fusileros apostados en las bordas”. (4) Al cabo de una hora y media de duración, tanto las bajas como las averías brasileñas no resultaron significativas, todo lo cual permitió a los invasores continuar su pasaje hacia la desembocadura del río de la Plata. Tampoco hay datos que permitan contabilizar las bajas federales del general Mansilla.


En un Parte dado a conocer por el Jefe de la Escuadra brasileña Souza Mello y Alvim, se sabe que las fuerzas argentinas de Lucio N. Mansilla lograron impactar tres balas de cañón en uno de los costados de la corbeta Doña Francisca que comandaba el inglés James Parker. Aquí resultó herido un marino de nombre William Moore.


Entre otros detalles, se pudo conocer que una de las “balas rojas” de la artillería federal (en el Parte se lee “bala ardente”) causó grandes daños a la corbeta a vapor Recife, la cual tuvo algún foco de incendio, e incluso sufrió dicha embarcación brasileña el incesante fuego de metralla proveniente de las baterías apostadas en las costas del Paso del Tonelero. Se cuentan tres bajas propinadas al Brasil: son los “fusileros navales Cándido José Coelho, y Manuel Alexandre, y el marinero imperial Bernardino da Ilora, que había sido gravemente herido por una bala de artillería”. También hubo 2 heridos en la tripulación del Recife.


El marinero imperial Alexandre Moore, de origen britano, perdió su pierna derecha en momentos en que el vapor Affonso estaba siendo asediado por la fusilería de los infantes federales. Y una bala de artillería de la Santa Federación le partió el cráneo al marinero primero brasileño de nombre W. Andres, quien resultó muerto. La embarcación Caliope, por su parte, fue otra de las que más sufrió el fuego patriota desde las costas de El Tonelero, por lo que la artillería federal quebró su bauprés (palo de proa de un barco que está levemente inclinado hacia arriba) e hizo daño en los costados de la nave. Otras averías fueron producto de las incesantes balas de fusil que los hombres de Mansilla tiraron contra el brique Caliope. (5)


El Paso del Tonelero había sido previamente fortificado por Mansilla con “16 piezas y guarnecida por dos batallones de infantería, una batería de artillería ligera y un escuadrón de caballería”, sumando una plaza de 1500 hombres. No obstante, un descendiente de antiguos federales netos de la zona, Javier Tisera, menciona que en 1851 allí lucharon los efectivos del 2º Batallón de Patricios de Buenos Aires y un “Batallón Provisorio” que se armaba provisoriamente a través de las levas entre los gauchos de las zonas aledañas, y que una vez transcurrida la acción éstos volvían a sus tareas habituales. “Hubo batallones provisorios en todo el país, pues se armaban en cada lugar donde se luchaba. Está el caso de un Batallón Provisorio en la provincia de La Rioja, por ejemplo”, dice Tisera. Esta unidad tenía su propia bandera de Guerra y no se componía de “soldados regulares”, de allí las pocas menciones que se les profieren en las bibliografías militares argentinas.


Es muy probable que el Regimiento “Patricios” de Buenos Aires haya participado en El Tonelero en 1851, si tenemos en cuenta que en un documento hallado por el ejército del Brasil en San Benito de Palermo en febrero de 1852, en el lugar donde figuraban los batallones de “Patricios” que se encontraban en Buenos Aires por diciembre de 1851, no había evidencias o datos del 2º Batallón de Patricios que por entonces se hallaba bajo el mando del general Felipe Heredia, hermano del asesinado gobernador de Tucumán, don Alejandro Heredia.


Se infiere, por ende, que los efectivos del 2º Batallón de Patricios de Buenos Aires estaban, hacia noviembre de 1851, guarnecidos en los Cuarteles de Santos Lugares, comandancia militar de la Santa Federación que fue el punto desde el cual en octubre de 1845 partieron los ‘Patricios’ al mando del coronel Ramón Rodríguez ante la ignominiosa decisión de Francia y Gran Bretaña de penetrar en los ríos internos nuestros en artera violación de nuestra soberanía nacional.


Referencias:


(1) En verdad, hubo una tercera batalla o combate de El Tonelero que se libró el 9 de enero de 1846, donde las fuerzas nacionales estuvieron bajo el mando del general Lucio Norberto Mansilla, al igual que aconteciera en las máximas refriegas de la Guerra del Paraná.

(2) Las naves fueron: 1) corbeta Doña Francisca; 2) vapor Affonso; 3) corbeta a vapor Recife; 4) vapor Pedro II; 5) corbeta Unido; 6) vapor Don Pedro; y, 7) brique Caliope.

(3) Lagos, Julio Alberto. General Don Hilario Lagos, Tomo II, Círculo Militar, Buenos Aires, Julio/Setiembre 1972.

(4) Op. cit., página 24.

(5) Titara, Ladislao Dos Santos. Memorias, Río Grande do Sul, 1852, p. 152, 153, 154 y 155.


Fuente:

Efemérides – Patricios de Vuelta de Obligado

Turone, Gabriel O. – Rememoración de dos batallas de El Tonelero (1845 y 1851), Buenos Aires, 2013.

Portal www.revisionistas.com.ar

martes, 15 de octubre de 2024

Hace 80 años Perón hablaba en Junín.

 


DISCURSO EN LA CONCENTRACION POPULAR REALIZADA EN EL PARQUE MUNICIPAL DE JUNIN (Bs. As) Juan Domingo Perón [15 de Octubre de 1944]



Comprovincianos: La Revolución del 4 de junio trae un ideal y una realidad transformadores del panorama político, económico y social argentino. De ella surgirá una nueva política, no vagamente y como un germen, sino integralmente y en su detalle creando no sólo los principios, sino la terminología, el estilo y la emoción de las nuevas formas.

Retengo fe en las instituciones republicanas democráticas del país. Pero instituciones y pensamiento político es sólo una dimensión de la política. La otra es la realización. Democracia no ha sido jamás venalidad, ni fraude, ni mentira, ni explotación, ni injusticia social.

La voluntad popular, base angular de un gobierno de libertad, exige el ejercicio honesto de las virtudes de la democracia que se realizan en la justicia social, como fundamento del bienestar general.

La exaltación de los principios, sino su cumplimiento. Pueblo sobre el que se suceden los gobiernos, productos del engaño, es pueblo que carece de libertad. La libertad presupone honradez y justicia. Por eso afirmo que vivimos una nueva era en la vida de la Nación, que afirmará principios morales de convivencia, que habían sido olvidados en perjuicio del pueblo.

El gobierno honrado del pueblo comporta poseer un régimen limpio; implica, asimismo, el deber de realizar, con organismos adecuados, todo cuanto es menester al libre ejercicio de los derechos y garantías de la Constitución Nacional, creados para lograr el bienestar general.

¿Vivía el país un régimen semejante?

¿Existía libertad para elegir gobierno?

¿Había organismos apropiados para satisfacer las necesidades de un Estado moderno?

¿Se realizaba la justicia social?

Todo el país puede responder en un solo grito a estas preguntas que me formulo desde los más profundo de mi conciencia de ciudadano. Todo había sido falseado: la libertad, la ciudadanía, la función directriz, la justicia y la moral. Como consecuencia de ello nuestro pueblo estaba al borde de perder sus fuerzas más ponderables: la esperanza y la fe.

La más oscura y venal de las oligarquías en poder del Estado, había montado una máquina electoral que dio al pueblo el derecho de votar, pero jamás el de elegir sus gobernantes. Como si ello fuera poco, llegó a repartirse las ganancias con los caciques, aparentemente de la oposición.

Se ha pretendido hacer creer al pueblo que esa logia funesta de demagogos representaba la clase dirigente del país, su élite, y que, como tal, estaba formada “por sabios, por ricos y por buenos”. Hay que observar que los “sabios rara vez han sido ricos y los ricos rara vez han sido buenos”. Sin olvidar que ni sabios ni buenos han encontrado un lugar entre los políticos criollos.

Nosotros realizamos leal y sinceramente una política social encaminada a dar al trabajador un lugar humano en la sociedad. Lo tratamos como hermano y como argentino. Ellos dicen que somos demagogos.

Demagogia han hecho ellos, verdaderos enemigos de la democracia, que en vez de dignificar el trabajo, humanizar el capital y elevar material y moralmente el pueblo, se dedicaron a adularlo, exaltando las malas pasiones, fomentando el espíritu de indisciplina social y contribuyendo a falsear y extraviar la noción de la cosa pública, indispensable para la obra ciudadana en toda democracia.

Esa política inferior ha enfermado al país de caciques y señorones. Es menester que surjan ya hombres sencillos y sinceros con ardientes deseos y firme decisión de trabajar lealmente para el bien común de los argentinos.

Ellos barrerán los verdaderos demagogos con empaques de señor, que han sido los industrializadores de la política, en la que a menudo han logrado lo único que poseen: una riqueza mal habida.

El eminente profesor y jurisconsulto doctor Bielsa, el referirse a este espécimen político que llama el cacique en la función pública, dice: “Pan y circo es hoy como en las postrimerías de la República romana, lo que se da al pueblo, aunque con menos generosidad: quinielas (fuente de abundante coima oficial), prostitución (que también da pitanza), y en las fiestas: alcohol, taba y monte”. Y ellos dicen para detener nuestra política social, que hacemos demagogia en las masas obreras, cuando defendemos sus derechos de vivir con dignidad de argentinos.

Sus personeros llegan hasta mí para decirme: “Tenga cuidado coronel, usted hace un juego peligroso co los trabajadores. Ellos sacarán todo el provecho posible, y luego le volverán la espalda”. Yo contesto, invariablemente, que solo anhelo de los trabajadores un recuerdo justo y amistoso para el funcionario que ha sabido cumplir con su deber. No realizo esta obra con interés personal ni político, y eso es lo parece inverosímil para ellos.

La Secretaría de Trabajo desea poner orden en el buen sentido de la palabra, no como una presión que se ejerce desde afuera de la sociedad con la policía o con la fuerza al servicio de la injusticia, sino suscitando un verdadero equilibrio en su interior. Trabaja así, no para perpetuar la felicidad y el bien de unos pocos, sino para defender contra el más a los muchos.

La demagogia, la avaricia y el egoísmo, en una trilogía morbosa, comienzan su sistemática oposición a la obra política, económica y social de la Revolución. Ellos no pueden concebir que ésta sea una revolución que alcance también a los pobres, como si la justicia fuera un privilegio de la fortuna.

Los malos políticos se oponen porque no pueden aceptar de buen grado que nosotros estemos realizando en meses, lo que ellos han venido prometiendo en vano desde hace más de cuarenta años.

Los avaros y los egoístas formas un frente común de resistencia, pero con ello no impedirán que el Estado cumpla con su deber; hacer respetar, proteger y amparar el trabajo manual o intelectual, poniéndole en tales condiciones de defensa que lo hagan vulnerable a los ataques de quienes lanzan el poderío anónimo de su capital para la explotación del hombre por el hombre.

Hoy llegamos a todo el país con el Estatuto del Peón, que llenará una necesidad sentida en los campos argentinos. Sé bien que ello no agradará a algunos patrones sin conciencia. Sé también que será motivo de críticas por parte de algunos merodeadores de las grandes empresas y escribas sin escrúpulos al servicio de los poderosos, que ya han visto mal que yo defienda con más emoción el perfeccionamiento de la raza humana.

Entendemos que en muchos aspectos, la situación de los peones había llegado, en ciertas oportunidades, a ser una forma disimulada de la esclavitud. No de otra manera ha de considerarse a hombres que solo perciben un sueldo de 20 o 30 pesos al mes.

En el proceso de recuperación integral en que estamos empeñados ponemos todas nuestras más sanas y puras intenciones, nuestra más honda fe patriótica y nuestra propia vida, si ello fuera necesario.

El progreso general exige, ante todo, una reconstrucción en los cuadros de dirección e importa la creación de nuevos organismos para que el Estado cumpla los fines impuestos por la evolución económica y social que trae el progreso.

Entre ellos, para referirse a algunos organismos que más de cerca tocan las necesidades de esta zona, se encuentran la Secretaría de Comercio o Industria y la Secretaría de Trabajo y Previsión. La primera atiende la conservación, el desenvolvimiento y a creación de nuevas fuentes de trabajo; la segunda ha iniciado una profunda transformación en la política social del país.

Una fomenta ya, toda política que favorezca el progreso comercial e industrial; y tendrá en cuenta las zonas del país para apoyar, con toda la fuerza del estado, la inversión de capitales que pueden y deben, en lo posible, ser locales, teniendo al desarrollo y engrandecimiento de la pequeña industria, que hoy solo tiene una vida precaria en proporción al valor técnico de la producción. Debemos cuidar el florecimiento de esos pequeños talleres donde se encuentran los verdaderos artistas, y de cuya maquinaria y artículos se habla con respeto en todo el territorio de la República.

La Secretaría de Trabajo y Previsión, por su parte, cuida el factor humano, que es la base de la riqueza. Trabaja sin fatuidad ni intemperancia, con fe, comprensión y amor.

Los problemas del campo son encarados también integralmente; desde el agricultor y el ganadero hasta el peón de campo tienen soluciones que regularán armónicamente sus necesidades, sus derechos y sus deberes.

En nuestro espíritu no gravitan prejuicios cunado defendemos el factor humano, como fuente de riqueza natural de la Nación. No apoyamos al trabajador contra el capital sano, ni los monopolios contra la clase trabajadora, sino que propiciamos soluciones que beneficien por igual a los trabajadores, al comercio y a la industria, porque nos interesa únicamente el bien de la Patria.

La Secretaría de Trabajo y Previsión traduce el afán revolucionario de crear mejores condiciones de vida para la clase trabajadora argentina, porque entendemos que la miseria es disociadora e incita a la rebeldía, forja en páginas dolorosas el desaliento y la desesperación, destruye la moral y conduce a la declinación de los pueblos.

Ese es el organismo de los trabajadores. Allí se enseña y se aprende a defender a los económicamente débiles, a los humildes. Nació del contacto entre los soldados y los obreros, y actúa como el órgano más sensible y vibrante del Estado, para recoger el reclamo de los trabajadores de la ciudad y del campo, desde Jujuy a Tierra del Fuego, y desde los Andes al Plata.

Aspira el gobierno surgido de la Revolución a que el trabajador, sin distinción de raza o sexo, tenga derecho de obtener por su labor lo necesario para vivir con dignidad, de modo que le permita atender las necesidades propias de su subsistencia y las de su hogar. Buena alimentación, vestimenta adecuada, vivienda sana y decorosa; libre y alegre desarrollo físico y espiritual y protección biológica y económica contra los riesgos sociales y profesionales, son los basamentos inconmovibles de nuestra política social, impulsada vigorosamente desde lo más profundo de la conciencia popular argentina.

Debemos cuidar al ser humano. No se concibe una sociedad donde ello no sea una preocupación fundamental de los hombres de gobierno.

Yo, como argentino, estría más orgulloso si fuéramos famosos en el mundo por la perfección de nuestros hombres, que por la hermosura y pureza de nuestros ganados.

Otros, en cambio, piensan lo contrario. Ese profundo error, esa desviación de los imperativos de la razón, de los sentimientos y del espíritu, ha estimulado celosamente el crecimiento de los bienes materiales y ha abandonado a una inmensa parte de las mujeres y de los hombres a los azares de una organización jurídica y social deficiente, que en pleno siglo XX admite todavía la ignorancia y la miseria de grandes núcleos humanos.

Quiero repetir frente a los hombres de mi provincia, lo que en profunda vibración resuena en todos los pueblos del mundo; el trabajo no es una mercancía, y la pobreza, en cualquier lugar, constituye un peligro para la prosperidad general.

Una Argentina de trabajadores con salarios miserables, podrá enriquecer a algunos pocos, pero labrará segura y fatalmente su propia ruina. El capital debe ser creador, como que es el producto honrado del propio trabajo. Cuando todo esto sea bien comprendido, cuando ambos factores, capital y trabajo, bajo la tutela del Estado, actúen y se desarrollen armónicamente, los símbolos de la paz social presidirán el vigoroso progreso de la Nación.

Mientras tanto, bajo la pesada carga de un egoísmo individualista absorbente, los humildes deberán buscar en la asociación y en la fuerza de los organismos del Estado la protección del derecho de vivir con dignidad.

Respetamos la libertad sindical, pero preferimos, por razones de beneficio colectivo, los gremios unidos en un haz indisoluble e inquebrantable.

El Gobierno afirma su propósito de orientar su acción y la plenitud de sus energías en el noble afán de conquistar para los trabajadores de la ciudad y del campo el reconocimiento y el respeto de todos sus derechos.

Con viva emoción he llegado a este progresista pueblo de mi provincia, cuyo historial refleja una lucha fervorosa y continua en su marcha constante para lograr el bien común; pero también con la serenidad que trasciende de su sentido celular de paz, que absorbe las pasiones, que purificando el sentir y el pensar, y fortaleciendo el espíritu en esta enconada porfía que nos debatimos en defensa de los derechos del pueblo todo de la República.

Hay fuerzas del mal que oponen dificultades a nuestra marcha enérgica y viril. En la antigüedad, cuando se describía a los distintos países, al tocas puntos desconocidos, se optaba por suprimirlos, poniendo una advertencia que decía: “De aquí en adelante no hay sino arenales faltos de agua y silvestres, o pantanos impenetrables”. Nosotros ignoramos ese tipo de oposición, porque la mueven intereses mezquinos y aviesos, porque responden a fuerzas destructoras en lo social y en lo moral, y porque no negamos sitio a la colaboración honesta y virtuosa, en el ardiente deseo de elaborar una Argentina de hombres verdaderamente libres.

JUAN DOMINGO PERON

viernes, 16 de febrero de 2024

Hace 181 años se iniciaba el Sitio de Montevideo.

 



Luego de triunfar en la Batalla de Arroyo Grande (Pcia. de Entre Ríos), el ejército del general Manuel Oribe cruzó el Río Uruguay y se dispone a sitiar Montevideo.


El 7 de febrero de 1843, había arribado de Río de Janeiro, el comodoro Brett Purvis, Comandante en Jefe de las fuerzas británicas.  La continuación de la guerra, por Rosas, pese a las intimaciones del embajador Mandeville, lo hizo embarcar en la fragata “Alfred” de S. M. B., y venir.  Estaba resuelto a provocar los acontecimientos.  No era admisible que no se respetaran las veladas y otras veces muy claras, insinuaciones de acatamientos.  Purvis prestará con sus barcos, todo tipo de auxilio a los sitiados.  No será raro verlo pasear del brazo del general Paz, oírlo decir en las reuniones, que no permitirá que Oribe ocupe Montevideo.  Había tomado partido abiertamente por los unitarios y riveristas.  Lo cierto es que el comodoro de S.M.B. vio que había mayores intereses extranjeros que uruguayos en la plaza.  Y, sabía muy bien, que sin el apoyo de las escuadras de Francia y Gran Bretaña, no podrían resistir.  “¡Cómo iba a admitirse que Oribe pasara a degüello diez mil colonos franceses y seiscientos comerciantes ingleses!”.


Los ciudadanos franceses no se quedaron quietos.  La proximidad de las tropas de Oribe y sus enormes intereses en juego, les hizo temer por lo ya adquirido.  Un grupo gestionará ante el cónsul francés, que se discuta el problema.  Es conveniente saber qué pasos se habrán de dar.  En la segunda semana de febrero se reunieron.  El cónsul Teodoro Pichon, les dijo:


- “El código francés, priva de nacionalidad a los que tomen las armas al servicio de extranjeros”.


Seguidamente les dio a conocer un despacho de su gobierno, en el cual se informa que no era necesario que la población francesa se armase.


- “Si es preciso una intervención, para respaldar los bienes y las propiedades, el gobierno francés lo hará; con ese fin viene una fuerza al Río de la Plata”.


En la reunión se le manifestó que los acontecimientos que se desencadenaban rápidamente, requerían medidas urgentes.


- “Las hemos acordado con los demás cónsules y los distintos jefes de las estaciones navales”.


- “Cuáles, por ejemplo, M. Pichón” – dijo Etcher.


- “En primer lugar, todas las casas donde vivan franceses, enarbolarán la bandera tricolor…”.


- “No es suficiente…”.


- “Se le advertirá al enemigo y se le recabará la inviolabilidad de las personas y los bienes franceses en Montevideo”.


- “Si todos los gobiernos hacen la misma reclamación, la inmensa mayoría de las casas se librarán del bombardeo”.


- “Los hombres del tirano Rosas no podrán andar eligiendo”.


- “Nuestras naves –dijo Casenave- deben defendernos efectivamente, M. Pichon…”.


- “Los buques franceses y esto lo digo –agregó el Cónsul- con suma reserva, no podrán disponer del armamento ni las municiones suficientes”.


- “Creo que pese a todo, sería conveniente –dijo Echer- que todos nos armáramos”.


Se nombró seguidamente una comisión que estableció los lugares de reunión de los franceses en caso de peligro.  Tres eran cuarteles de marinos; los restantes fueron la barraca de Duplessi, la fonde de Himonet, lo de Cavaillon, la cancha de pelota de Cazenave, lo de Recaete, la panadería de Rovillar y la cancha de pelota de Capendegui.


Los ejércitos de la defensa


Para demostrar su fuerza y la disciplina lograda, así como el grado de preparación, el general Paz hizo desfilar a la totalidad de su ejército por la calle Real del Mercado (hoy 18 de Julio) y otras calles importantes.  Dos días después, por la tarde se realizó una parada militar en la calle principal, casi hasta la plazoleta de la barraca de Estévez.  Comandaba las fuerzas el general José M. Paz, acompañado de los generales Rufino Bauzá, Tomás de Iriarte y el jefe del Estado Mayor coronel Correa.  El Ministro Guerra Melchor Pacheco y Obes acompañado de autoridades civiles y militares, recorrió la línea de Defensa.  El pueblo de Montevideo se había agolpado a observar el espectáculo.  Las calles, veredas y azoteas, ventanas y puertas, hervían de curiosos.  Las bandas militares ejecutaron los compases del Himno Nacional uruguayo.  Se escuchó con unción y patriotismo:


Orientales, la patria o la tumba


libertad o con gloria, morir…


El ministro de Guerra comenzó entonces la entrega de la bandera a cada cuerpo.  La recibía cada comandante.  Eran 10 batallones: tres de Guardias Nacionales, 5 de Líneas, el “Unión”, “Libertad”, “Matrícula” y la Legión Argentina comandada por José María Albariño.  Los cuerpos que estaban de servicio esa tarde, recibieron el pendón al otro día.


Desde la Fortaleza del Cerro de Montevideo, se comunicó al gobierno que se divisaba a pocas jornadas, las fuerzas de Oribe que habían comenzado a moverse desde el Canelón Chico.  Evidentemente se disponía llegar hasta el Cerrito de la Victoria.


Se ordenó de inmediato cubrir la línea de defensa con los 4.000 hombres que se contaban.  Las guardias sin alojamiento, debieron permanecer a la intemperie el día y la noche.  Esta movilización, les permitió constatar deficiencias y fallas.


Las fortificaciones no estaban concluidas.  En el costado sur, en las proximidades del cementerio, no se habían finalizado los muros ni las zanjas.  El espacio se cubrió con la Guardia Nacional.  Se ordenaron nuevas demoliciones de cercos y casas.  No se andaba con más contemplaciones.  Los ladrillos y los escombros, sirvieron para la construcción de muros.  Era un extraño espectáculo, ver largas filas de soldados “boleando” ladrillos, de mano en mano.  La Guardia Nacional, sin excepción de clase hizo el trabajo.  Se adelantaron las líneas defensivas.  Otras aberturas se cerraron con palos y coches en desuso.  El peligro aumentaba la diligencia y el ingenio.  Al llegar la noche se hizo tensa la situación.  Las guardias estaban en permanente alerta.  Se temió un rápido avance nocturno.  Nadie sabía por dónde podría llegar.


- “¿Y si las vanguardias se adelantaran para probar fortuna?”.


- “Las rechazaríamos”.


- “Los muros son débiles, la línea no está concluida; hay muchas aberturas.  Montevideo no puede resistir”.


A ese desaliento se le unía las “correveidiles” que los “embozados federales” hacían correr, sobre el poderío incontenible del ejército de Oribe.  La presencia de los federales orientales y argentinos, iba sin duda a llenar a más de uno de pánico.  El ambiente que se percibía era muy dubitativo.  Imposible de precisar.  El Comandante General, decidió entonces pulsar la situación.  Era necesario saber hasta qué punto respondería la ciudad, una vez que asomaran las huestes “oribistas” sobre el lomo de las cuchillas.  A las 10 de la noche, el general Paz hizo tocar “generala”.  A las 11 pasó revista.  Todos estaban en sus puestos.  Cientos de voluntarios se presentaron espontáneamente.  Unos para compartir la lucha, otros para guardar el orden, los más para vigilar sorpresas.  Entre ellos, se presentó Juan Pablo López, el ex gobernador de Santa Fe, con tercerolas y espadas.  Lo acompañaban sus dos ayudantes.  Los coroneles argentinos Isidoro Suárez y Manuel Saavedra, también se hicieron presentes.


El general Paz pudo decir entonces:


- “La falsa alarma puso de relieve la decisión y el entusiasmo de los defensores”.


El espíritu de lucha salió robustecido.  “Era excelente”.  Al general López se le confió el comando de izquierda de la línea.


Oribe inicia el sitio


Los partes “del Vigía”, iban mostrando el avance de las fuerzas federales.  A las 9 se tocó generala.  De nuevo el ajetreo de la noche.  Pero esta vez no era falsa alarma.  La expectativa aumentó.  La mañana era hermosa.  Los edificios llenaron sus azoteas de gente.  La plaza de la Cagancha, el punto más dominante de la ciudad se apuñó de espectadores.  La tensión nerviosa no se distendió.  Por el contrario.  A las 11 de la mañana, por un terreno lleno de quintas, bosques, calles cortadas, cercados, portillos y zanjas, se vio el primer tropel de las vanguardias.  Coronando el Cerrito de la Victoria se ubicaron dos centinelas.  A las 4 de la tarde, después de setenta y dos días de marcha, una columna de infantería con 6 piezas, desplegaban a la muy suave brisa sus banderas.  La vanguardia formó sobre sus laderas.  Una salva de 21 cañonazos anunció la iniciación del sitio.  Desde la rada exterior, respondió la escuadra de Brown, con igual cantidad de tiros.


“El ejército de Rosas está delante de esta capital –expresa un decreto-.  El Gobierno cuenta con el patriotismo de sus habitantes: reposa en él y en la victoria”.


La tarde del 16 de febrero de 1843, tocaba a su fin.  La poderosa columna, ante el asombro general, comenzó a retirarse.  Poco a poco el Cerrito se fue despoblando de soldados.  No hubo otro comentario en Montevideo.  Al caer la noche los defensores estaban con las armas en la mano, indecisos, pero dispuestos a la defensa, junto a los muros.  Se aguardaba impaciente.  Había dispuestas 8 baterías.  Los cuerpos de los reservistas estaban colocados sobre la calle Real del Mercado (18 de Julio).  La caballada pronta con sus arreos, “a la rienda”.  La guardia activa y vigilante.  Sólo se oía su voz:


- “Alerta”… y la respuesta inmediata: “Alerta, está”.


Al llegar la media noche, la expectativa se hizo más intensa.  Aumentaba.  Y con ella, la nerviosidad.  El general de Armas recorría de una a otra punta la zigzagueante línea.  En el puerto, la vigilancia se centraba en las naves de Brown.  Los cañones del fuerte de San José a la entrada, apuntaban celosos en dirección de la escuadra federal.


Pasó la noche tranquila de acciones, pero de gran nerviosismo entre los sitiados.  Al asomarse el sol del 17, no se distinguía desde la ciudad, un solo cuerpo de los ejércitos federales.  La enorme tensión vivida, y el no saber qué actitud asumir, obligó al general Paz a realizar una salida con una columna de caballería.  Fue a la orden del coronel Faustino Velazco.  Los de Montevideo, llegaron hasta las proximidades del Cerrito, sin topar con hombres de Oribe.  Un nuevo cuerpo, al mando de Marcelino Sosa, avanzó con orden de sobrepasar el promontorio del Cerrito.  Al aproximarse a lo de Casavalle, vio que venía a su encuentro un fuerte contingente, desprendido del ejército federal.  Sosa se afirmó sobre sus estribos y se dispuso ir al choque.  Lanzas y sables fueron las armas de este primer encuentro.  Sosa cargó.  Su lanza era temible.  Guapea entre los federales de Oribe, volteando y dispersando hombres.  Logra “encerrar” algunos, que lleva triunfante a la plaza, a todo galope, pues otra fuerza viene en su persecución.  No es cosa de pasarse de valiente y que le “pialen” lo poco que se ha logrado.


El grueso del ejército sitiador comienza a instalarse en la falda sur del Cerrito y sus alrededores.  Los hombres andan en grupos por las inmediaciones del Monte de los Olivos y en la casa quinta del vasco Chopitea, en cuyas proximidades instala el brigadier general Manuel Oribe, su Cuartel General.


El vencedor de Arroyo Grande, aún a caballo, mira desde la cumbre y disfruta.  La eminencia, no excede sobre el nivel del mar, cuarenta metros, y apenas más de media legua lo separa de la ciudad.  Desde ahí se ve Montevideo, pintoresca y hermosa, hundiéndose por un extremo en el anchuroso mar, salpicado de naves de todos los tamaños y velámenes; por el otro seis o siete caminos de tierra que se abren paso entre el verde campo, cruzando con un puente algún que otro arroyo que interfiere su andar.  La ciudad se despliega bella, radiante.  Edificada en una península envidiable geográficamente.  La Matriz, con sus dos torres y su media naranja de azulejos, con cierto aire de mezquita.  Los miradores de la casa, que avisaron en su tiempo, indios, piratas y montoneros, avisan hoy su presencia.  La zigzagueante línea defensiva, está vista de allí terminada con una serie de cañones de diversos calibres, y hombres armados dispuestos en toda su extensión y en las pocas baterías que atalayan distintas alturas.  Las azoteas están enracimadas de gente.  Alguna que otra volanta rezagada, acompañada por jinetes, entra por el abierto portón.  Todo lo ve Oribe.  Todo lo siente.  Desde ese día, el presidente será el Gobernante del Cerrito.  Con altibajos, permanecerá allí hasta octubre de 1851.  Durante nueve años será Montevideo sitiado.


Fuente


Efemérides – Patricios de Vuelta de Obligado.


Portal www.revisionistas.com.ar


Quesada, Efraín – Cuando Montevideo aguardaba los Ejércitos de Rosas


Todo es Historia – Año VII, Nº 83, Abril de 1974

lunes, 27 de febrero de 2023

Se cumple el 148° aniversario del natalicio de Manuel Ugarte




Manuel Baldomero Ugarte nació en Buenos Aires, el 27 de febrero de 1875. Fue escritor, diplomático y político. Militó durante un tiempo en el Partido Socialista y formó parte de los círculos literarios y periodísticos de su ciudad natal. Fundó y editó el diario La Patria y la revista Vida de hoy. Autor de varios libros, entre ellos: El porvenir de América Latina y Patria Grande. Precursor de la Izquierda Nacional en América Latina. Fue socialista y apoyó al peronismo.


Residió en el extranjero durante varios años. Entre 1897 y 1903 residió en París, en esta etapa se forjó su pensamiento hispanoamericano y socialista. Durante un viaje a los Estados Unidos, en 1898, estudió las invasiones a México, Cuba y Nicaragua, que catalogó de imperialistas, lo cual lo llevó a adoptar una posición decididamente antiestadounidense y anti-imperialista. Representó a la República Argentina como embajador ante México en el periodo de 1946 a 1948, ante Nicaragua en 1949 y ante Cuba en 1950.​


Ugarte criticó duramente la injerencia de los Estados Unidos en la región, inspirado en hechos como la invasión a México, la escisión de la provincia de Panamá de Colombia, y otras intervenciones diplomáticas, comerciales y militares en los asuntos internos de las naciones sudamericanas.


La visión de Ugarte se apoyó en la ideas de José de San Martín y Simón Bolívar respecto a la unidad de las ex colonias de raíces españolas en una federación latinoamericana, en apoyo a la idea del exiliado soviético León Trotski, de los «Estados Socialistas de América Latina».​ En contraposición, la visión panamericana propuesta por el Departamento de Estado de los Estados Unidos, postulaba un origen y destino común de todas las naciones americanas desde Alaska hasta Tierra del Fuego. Ugarte veía esta idea de Estados Unidos como una maniobra para establecer pequeños países de escaso peso político y someter a toda América a su supremacía.​


Sus obras incluyen libros de viajes, escritos políticos, novelas, cuentos y poemas, algunos de los cuales fueron traducidos al francés, inglés, italiano y ruso. De su obra poética, de corte modernista, destacan Palabras de 1893, Versos de 1894, y Vendimias juveniles de 1907. Es autor también de libros de cuentos, como Cuentos de la Pampa de 1903, Cuentos argentinos, 1908, y de ensayos literarios, artísticos y sociopolíticos como El arte y la democracia, 1905, La joven literatura hispanoamericana, 1906, El porvenir de América latina, 1910, El destino de un continente, 1923, El dolor de escribir, 1933, La dramática intimidad de una generación, 1951.


Nació en una familia de buena posición económica e hizo sus estudios secundarios en el Colegio Nacional de Buenos Aires.


Su temprana vocación literaria le permitió escribir sus primeros trabajos a los quince años. Se convirtió en un ávido lector y su familia le pagó la edición de sus primeras poesías. Esto le permitió tomar contacto con los más destacados literatos de la generación del 80.


En 1897 realizó su primer viaje a París para continuar sus estudios. Asistió a cursos de sociología y filosofía, aunque gran parte de su tiempo lo dedicó a las actividades propias de los jóvenes argentinos de familias ricas: la diversión, la vida bohemia y, especialmente, las damas francesas. Vivió de cerca el Caso Dreyfus, sobre el cual escribió, lo que constituyó su acercamiento a los temas políticos.


En 1898 Estados Unidos intervino en Cuba, lo que provocó el repudio de Manuel Ugarte. Fue a raíz de este conflicto que comenzó a manifestar su interés por los temas sociales, en general, y su acercamiento al socialismo, que tenía en Jean Jaurès una de las principales figuras del socialismo francés.


Crítica al imperialismo estadounidense desde Nueva York


Se trasladó a Nueva York y donde criticó el impulso expansionista que predominaba en la clase política estadounidense y que tenía a América Latina como principal objetivo de conquista. Al estudiar la historia estadounidense describe cómo los EE. UU. habían ganado territorio a costa de países vecinos y opina que ese apetito territorial estaba lejos de haber sido saciado.


Paradójicamente es en los Estados Unidos donde Manuel Ugarte consolidó las dos columnas de su ideología: por un lado un fuerte antiimperialismo y por el otro, la necesidad de construir la Unidad Latinoamericana.


Al retornar a París se unió a la causa del socialismo, al que llegó por su admiración por Jean Jaurès. Este pensamiento lo llevará a escribir sobre el sufrimiento de la clase obrera francesa.


Carrera literaria


En 1901 apareció su primer libro de relatos, Paisajes parisienses, donde expuso su preocupación social, su vida bohemia y los dulces y fugaces amores en Francia. Se relacionó con jóvenes latinoamericanos residentes en París, como Rubén Darío, Amado Nervo y Rufino Blanco Fombona. Sus preocupaciones y amistades literarias integraron a Ugarte al movimiento modernista. En 1901 publicó en Buenos Aires su artículo El peligro yanqui, donde denunció las intervenciones de los Estados Unidos, anexando territorio mexicano, y alertando sobre la hegemonía cultural y económica, la que, según su punto de vista, jugaba un papel tan letal como la misma invasión armada.


A los veinte días, en el mismo periódico El País, publicó otro artículo, titulado La defensa latina. Allí plantea la unidad de América Latina y la conformación de los Estados Unidos del Sur, lo que se convirtió en el objetivo permanente de su prédica latinoamericanista. Ugarte regresó a la Argentina en agosto de 1903 y se vinculó al Partido Socialista, en particular a José Ingenieros y Alfredo Palacios. Estos jóvenes, junto a Leopoldo Lugones, conformaban un ala dentro del partido que se destacaba por su carácter combativo, lo que contrastaba con el conservadurismo característico de Juan B. Justo y la cúpula directiva que tiñó al partido a lo largo de muchos años.


De vuelta a Europa


En marzo de 1904 Ugarte retornó a Europa, como delegado por el socialismo argentino al Congreso de la Segunda Internacional en Ámsterdam.


Uno de los temas principales de ese Congreso fue la posición que debía asumir el socialismo frente al colonialismo, sobre todo en aquellos países colonialistas donde el socialismo contaba con un fuerte apoyo popular. Ugarte fue testigo de la defensa que un delegado neerlandés hacía del colonialismo, como factor de progreso histórico en las regiones bajo su dominio. En la Argentina, la prensa oficial criticó a Ugarte porque «... ha presentado a la Argentina como país atrasado en el cual la vida del trabajador es penosa por falta de libertad y protección del estado. La actitud de Ugarte no puede ser más antipatriótica».


Ugarte publicó en 1906 una antología de autores latinoamericanos que tuvo el nombre de La joven literatura hispanoamericana. La intención era hacer conocer a Europa a los escritores americanos. Así incluyó trabajos de Rubén Darío, Ricardo Rojas, Alfredo Palacios, Leopoldo Lugones, Rufino Blanco Fombona, José Enrique Rodó y varios más.


Participación en el Congreso de Stuttgart


En 1907, Ugarte participó del Congreso de la Segunda Internacional, esta vez en Stuttgart, que contó con la presencia de Lenin, Rosa Luxemburgo, Jean Jaurès, Karl Kautsky y Jorge Plejánov, entre otros.


El Congreso tiene dos importantes temas a tratar: la posición ante una posible guerra mundial y la actitud ante el colonialismo.


En ambos temas la socialdemocracia europea asumió posiciones nacionalistas en defensa de sus respectivos países imperialistas y colonialistas. Henri Van Kol, el delegado neerlandés, afirmó: “En circunstancias determinadas, la política colonial puede ser obra de civilización”.


Luego del Congreso de Stuttgart, Ugarte profundizará el tema de la cuestión nacional y ampliará sus diferencias con la conducción del partido Socialista de la Argentina. En sus artículos hace la diferencia entre el patriotismo de un país imperialista o colonialista y el patriotismo de los países oprimidos por el imperialismo, como ocurría con los países latinoamericanos. Para Ugarte el socialismo en Latinoamérica debía tener un carácter nacional que opusiera resistencia al imperialismo anglosajón.


Enfrentamiento en el Partido Socialista


En 1909 se desató una polémica dentro del Partido Socialista de la Argentina. La Vanguardia, el órgano partidario lo atacó abiertamente. Es el mismo año de la aparición del libro Teoría y práctica de la Historia de Juan B. Justo donde éste defiende las ideas del librecambio, así como el carácter civilizador del imperialismo.


Ugarte concluyó su ensayo El porvenir de la América Española. Vivía en Niza, desde hacía algunos meses, por razones de salud. A pesar de estar alejado de América Latina, su pensamiento lo localizaba en las tradiciones democráticas y revolucionarias del continente. En sus textos opinaba sobre el carácter destructivo del imperialismo para los países hispanoamericanos, y vislumbraba el carácter reaccionario jugado por lo que el catalogaba como oligarquías nativas asociadas al capitalismo extranjero. Comparaba las dos Américas y concluía que sólo la unión de los pueblos del sur les permitiría hacer frente a las grandes potencias con apetencias territoriales o económicas sobre estas naciones.


La Vanguardia con respecto al libro de Ugarte señalaba: «Muchos han venido agitando la opinión del peligro yanqui. Pero los pueblos no los han escuchado... Y si la propaganda alarmista no encuentra eco en ellos debe ser porque el peligro no existe». «Tenemos motivos para creer que la intervención o conquista de las repúblicas de Centroamérica por los Estados Unidos puede ser de beneficios positivos para el adelanto de las mismas».


Consecuentemente con las ideas expresadas en El Porvenir de la América Española, Ugarte planeó una gira por todo el continente para en busca del contacto con la realidad y para difundir sus propuestas.


Gira hispanoamericana


En 1911, Ugarte comenzó una gira por los países hispanoamericanos con el objetivo de conocer personalmente la situación de los países de la región. Los detalles de esta gira, que se extendió hasta 1913, los relataría más tarde en su libro El destino de un continente.


Su primer destino fue La Habana, Cuba. Allí dio su testimonio de la influencia estadounidense en la isla. Ugarte describió cómo las clases acomodadas de Cuba colaboraban con los Estados Unidos, en tanto que la clase pobre desconfiaban de la presencia estadounidense.


Realizó varias conferencias y recibió los ataques de los sectores al servicio de los intereses estadounidenses. La presencia de Manuel Ugarte en Cuba impulsó la aparición de sectores estudiantiles y populares que bregaban por la independencia cubana, con una visión de integración latinoamericana. De aquí pasó brevemente por Santo Domingo, donde dictó conferencias y se relacionó con la clase intelectual de la sociedad dominicana.


Su próximo destino fue México, donde se entrevistó con el presidente Francisco I. Madero, de quien emitió juicios críticos por su escaso interés en atacar los intereses estadounidenses.


En este país se encontró inconvenientes para realizar sus conferencias, ya que algunos empresarios se negaron a alquilar sus locales y teatros. El gobierno y el congreso analizaron la posibilidad de prohibir sus conferencias, presionados por los intereses con los estadounidenses. Durante una movilización estudiantil Manuel Ugarte aprovechó salir al balcón del hotel y pronunciar una alocución improvisada.


Finalmente Ugarte logró dar su conferencia, con gran cantidad de público que sobrepasó la capacidad del teatro y, en su exposición, volvió a denostar al imperialismo y a abogar por la unidad de América Latina.


En febrero de 1912 llegó a Guatemala. El ministro de Relaciones Exteriores le indicó que podía exponer sobre literatura, pero no podría realizar discursos contra los Estados Unidos. Justificaba su prohibición en que se esperaba, en poco tiempo, la visita del Secretario de Estado estadounidense, Philander C. Knox.


Intentó partir rumbo a San Salvador. El gobierno de ese país le hizo saber que su presencia no era de su agrado, debido a la presencia del Sr. Knox. Se dirigió, entonces, a Honduras, donde pudo realizar sus discursos: «...lo que he venido reclamando sin tregua, ha sido justicia para las repúblicas hermanas que se ahogan bajo la avalancha del imperialismo...».


El gobierno salvadoreño permitió la visita de Ugarte, posteriormente a la partida del Secretario Knox. Fue recibido por una cálida manifestación de apoyo a sus ideas, integrada tanto por estudiantes como obreros. Pero, a poco de estar, el presidente Araujo prohibió su conferencia titulada América Latina ante el imperialismo. La juventud estudiantil hizo manifestaciones para que se levante la prohibición. El reclamo tuvo éxito y la disertación se realizó en la Federación Obrera.


Su próximo destino fue Nicaragua: las aduanas se encontraban en manos de funcionarios estadounidenses y los puertos nicaragüenses habían sido bombardeados por el cuerpo de Marines de los Estados Unidos. Ni bien llegó la patria de Rubén Darío, el jefe de policía le expresó que no podía ingresar al país.


Ante esto, Ugarte se valió de los obreros portuarios para hacer llegar un mensaje a los nicaragüenses: «Al cerrar la puertas del país al escritor de la misma raza que habla la misma lengua y que defiende los intereses comunes de los latinos del Nuevo Mundo, después de haber recibido poco menos que de rodillas al representante de la nación conquistadora, el gobierno ha puesto en evidencia los compromisos que lo ligan con el extranjero».


Luego arribó a Costa Rica, donde también encontró dificultades. Realizó declaraciones a un periódico, pero, debido a la intervención del gobierno, no fueron publicadas. No obstante, fue recibido por una manifestación.


De Costa Rica decidió llevar su palabra también a los Estados Unidos, donde crítico la política imperial. Las anexiones de los estados mexicanos, la invención de la República de Panamá, secesionada de Colombia, para construir el Canal, el empréstito a Nicaragua, entre otras, fueron recordadas por Manuel Ugarte en el territorio estadounidense.


Su próximo objetivo fue Panamá. Allí se entrevistó con el presidente, quién le reconoció su imposibilidad de fijar las políticas nacionales argumentando que toda la economía estaba en manos estadounidenses.


El siguiente destino fue Venezuela. Fue recibido por manifestaciones populares e hizo un homenaje ante la tumba de Simón Bolívar donde convocó a seguir el camino de los libertadores José de San Martín y Bolívar.


Llegó a Colombia en noviembre de 1912. En Bogotá habló ante 10 000 personas. Ecuador fue recibido en el teatro de Guayaquil. Gritó ante 3000 concurrentes: «Unámonos». Ese mismo reclamo se escuchó en Quito, junto a otro que decía «América Latina para los Latinoamericanos».


En Perú colocó flores ante los monumentos de Bolívar y San Martín. Casi 4000 personas se reunieron para escucharlo. Aquí explicó que su nación es América Latina y que, si uno de los países que la integran se encuentra en peligro, todos lo estaban.


En Estados Unidos el presidente William Howard Taft fue reemplazado por Woodrow Wilson. Manuel Ugarte dio a conocer una Carta Abierta al Presidente de los Estados Unidos que es un enunciado donde crítica los desbordes imperialistas efectuados por ese país en los últimos años.


En Bolivia, en su discurso en La Paz fue interrumpido por numerosas ovaciones de un público. El embajador estadounidense lo criticó duramente y Manuel Ugarte le envió los padrinos para batirse a duelo. La intervención del embajador argentino evitó el lance.


Llegó a Chile, luego de los agravios de la prensa chilena. Obtuvo una gran repercusión entre los sectores populares.


En Montevideo homenajeó al prócer latinoamericano José Artigas, contradiciendo el punto de vista liberal de la historia rioplatense que siempre había denostado a Artigas. También realizó una conferencia. Luego visitó Paraguay donde tuvo un gran recibimiento, especialmente por parte de los jóvenes.


Concluida la gira retornó a su país. Cuando llegó a Buenos Aires, después de esta gira triunfal por Hispanoamérica, sólo unos pocos amigos lo estaban esperando. Desde La Vanguardia se desató una campaña contra Manuel Ugarte en la que se decían cosas como: «viene empapado de barbarie, pueblos de escasa cultura, países de rudimentaria civilización...».


Ruptura con el Partido Socialista


La Asamblea General del Partido Socialista, resolvió expulsar a Manuel Ugarte del partido, con motivo de sus declaraciones públicas y de que adeudaba siete meses de sus cuotas sociales.​


En su carta de renuncia Ugarte explicó las muchas diferencias que lo separaban de esa agrupación: cuestionó su posición anti-militarista, su inclinación anti-religiosa, llamando al respeto de todas las creencias, a la vez que se declara partidario de la democratización de la propiedad. Y rechaza la enemistad del socialismo argentino con el concepto de patria, en tanto que reafirma su amor por su nación y su bandera.


La Asociación Latinoamericana


A comienzos de 1914 surgió, a instancias de Ugarte, la Asociación Latinoamericana, como consecuencia de las movilizaciones populares contra la intervención estadounidense en México. La nueva institución realizó actos públicos para denunciar la actividad estadounidense en Latinoamérica y para bregar por la unidad de estos países.


1914 fue el año de comienzo de la Primera Guerra Mundial. Mientras tanto la Asociación Latinoamericana exigía que los yacimientos petrolíferos descubiertos en Comodoro Rivadavia quedaran en manos estatales y no fueran entregados a los monopolios extranjeros.


Ese mismo año, la dramática muerte de su amante uruguaya, la poetisa Delmira Agustini, en Montevideo, asesinada por su exmarido en un hotel de citas, le impactó profundamente.


El periódico La Patria


El 24 de noviembre de 1915 Manuel Ugarte comenzó a editar el periódico La Patria, bajo su dirección. Sus objetivos fueron defender la industria nacional, combatir los monopolios, oponerse al imperialismo y bregar por una reforma cultural.


Desde las páginas de La Patria comenzó a denunciar al imperialismo británico. La Patria comenzó de denunciar las actitudes agresivas de Inglaterra y la función lesiva para Argentina que desempeñaba el ferrocarril en manos inglesas.


Estos temas no eran populares en los discursos de las elecciones presidenciales en Argentina, temas evitados también en la prensa y por los partidos políticos. El 15 de febrero de 1916 aparecía el último ejemplar de La Patria.


Hipólito Yrigoyen alcanzó el poder


El 12 de octubre de 1916 la democracia irrumpió en la Argentina de la mano de Hipólito Yrigoyen. Ugarte no depositó demasiadas expectativas en él. No obstante simpatizaba con la neutralidad de Yrigoyen en la política internacional.


El 6 de abril de 1917, los Estados Unidos ingresaron en la Primera Guerra Mundial. Poco después lo hizo Brasil, mientras, en Buenos Aires, los sectores vinculados a Inglaterra y los Estados Unidos desataron una campaña para que Argentina ingresara en la guerra. Tres viejos conocidos de Ugarte se unieron al reclamo: Ricardo Rojas, Leopoldo Lugones y Alfredo Palacios. La firme actitud del gobierno de Yrigoyen, con el apoyo de un grupo reducido de intelectuales, entre los que se encontró Ugarte, defendieron el interés nacional manteniendo a Argentina fuera de la guerra.


Esta actitud de neutralismo le valió terribles ataques de la prensa, así como de muchos de sus viejos camaradas socialistas, a la vez que se enfriaba su popularidad dentro del estudiantado.


Durante la Reforma Universitaria


El año de la Reforma Universitaria de 1918, el movimiento estudiantil reformó la educación argentina, planteando la democratización de la enseñanza a la vez que levantaba banderas latinoamericanas y antiimperialistas. Muchos de los líderes de este movimiento simpatizaban con Manuel Ugarte y él mismo intervino llevando su apoyo activo a los estudiantes.


Ese mismo año murió su padre y recibió acusaciones de simpatizar con los alemanes. La victoria de la Entente significó para Ugarte que, tanto Inglaterra como los Estados Unidos, se lanzarían a continuar su política de dominación de América Latina. Describió el festejo de las clases dominantes de Buenos Aires por el triunfo de los aliados. Manuel Ugarte, a principios de 1919, tomó la decisión de trasladarse a Madrid.


Continuó su labor político literaria




El 19 de julio de 1922 escribió Mi campaña hispanoamericana, donde aparecieron muchos de los discursos que pronunció en su gira por Latinoamérica. Poco tiempo después aparecía otro libro: La Patria Grande. A fines de 1923 apareció otra de sus obras: El destino de un continente, con el relato de su campaña por América Latina. En este trabajo profundizó su análisis sobre el accionar imperial de Inglaterra en el sur del continente. Diversos periódicos cortaron colaboración con Ugarte a la vista de la aparición de estos libros, lo que significó una pérdida de ingresos para Ugarte.


La invasión estadounidense a Nicaragua


Una nueva intervención estadounidense, esta vez a Nicaragua, volvió a hacer levantar la voz de Manuel Ugarte. Estableció correspondencia con Víctor Raúl Haya de la Torre y José Carlos Mariátegui en Perú, así como con el Partido Nacionalista de Puerto Rico.


En 1927 fue invitado por el gobierno ruso al festejo de los diez años de la Revolución rusa, en plena lucha política entre Stalin y Trotski. Sin adherir al régimen imperante en la Unión Soviética, Ugarte se influenció de ciertos aspectos de esa revolución.


Cuando el general Augusto César Sandino, al frente de su ejército campesino nicaragüense, enfrentó los Estados Unidos, Manuel Ugarte expresó toda su admiración y apoyo al “General de los hombres libres”. Señaló entonces: “El general Sandino ha puesto en acción el pensamiento que yo defiendo desde hace veinte años”.


Ugarte denunció en Argentina la euforia que había despertado la Guerra Mundial y el escaso interés por la desigual batalla de Sandino contra los Estados Unidos.


Durante la Década Infame


Cuando el 30 de septiembre de 1930 cayó el gobierno de Yrigoyen, que apoyaba a Ugarte.


Por ese mismo tiempo recibió una carta de Sandino donde le expresó: “Su nombre, señor Ugarte, hace mucho tiempo que es familiar entre nosotros y sus escritos por uno u otro motivo, siempre nos llegan y nos han servido de estímulo en nuestra gran jornada libertaria de siete años, que apenas son las preliminares de la gran batalla espiritual, moral y material que Indoamérica, por su independencia, tiene que empeñar contra sus tutores Doña Monroe y el Tío Sam, y probarles que nuestros pueblos han llegado a su mayoría de edad”. Ugarte debió vender su casa en Niza y alquilar en París, así como las joyas de su mujer Teresa para cubrir sus deudas.


Regreso a Argentina


En 1935 regresó a Buenos Aires, y ante su bancarrota económica debió vender su biblioteca.


A poco de llegar restableció relaciones con Alfredo Palacios quién lo invitó a reingresar al Partido Socialista. Otros dirigentes insistieron en el ofrecimiento y, luego de pensarlo, aceptó reincorporarse al partido.


Al año siguiente fue expulsado luego de haber descargado una serie de críticas contra la conducción partidaria y las ideas tradicionales del partido.


La Argentina estaba en plena Década Infame. Los suicidios de sus viejos amigos Leopoldo Lugones, Horacio Quiroga, Lisandro de la Torre y de su amiga Alfonsina Storni sacudieron su espíritu.


Abandonó nuevamente Buenos Aires, esta vez para instalarse en Viña del Mar, Chile, y desde allí colaboró con varios diarios de ese país, aunque sólo con artículos literarios.


Durante la Segunda Guerra Mundial


En agosto de 1939 apareció la segunda edición del libro La Patria Grande, ante el inminente comienzo de la Segunda Guerra Mundial. La aparición del libro provocó que Ugarte fuese nuevamente criticado por cuestionar al Reino Unido.


Nuevamente sentó posición favorable a la neutralidad señalando que no está ni con Francia, ni con Alemania sino con América Latina.


A fines del año 1941 terminó de escribir Escritores Iberoamericanos del 900. Allí escribió sobre los autores que conoció personalmente y gozó de su amistad. Incluía a Rubén Darío, Alfonsina Storni, Florencio Sánchez, Gabriela Mistral, Rufino Blanco Fombona, José Vasconcelos Calderón, entre otros.


Reconocimiento por el gobierno de Perón


Luego del triunfo electoral del peronismo el 24 de febrero de 1946 decidió el regreso a su patria. El 31 de mayo Ernesto Palacio lo acompañó a la Casa Rosada para presentarlo ante el presidente. Tanto Perón como Ugarte simpatizaron instantánea y recíprocamente.


En septiembre de 1946 fue designado embajador extraordinario y plenipotenciario en la República de México. Por primera vez, Argentina obtenía un reconocimiento oficial a la capacidad y la lucha mexicana. México era el país al que había escrito reiteradamente contra las agresiones estadounidense y donde tenía tantos amigos y discípulos. Manuel Ugarte contaba entonces setenta y un años.


En agosto de 1948, luego de algunas diferencias con funcionarios de la embajada en México, fue designado en Nicaragua, donde permaneció poco tiempo y a comienzos de 1949 fue nombrado embajador en Cuba.


A fines de 1949, en un intento por recomponer relaciones con los EE. UU., Perón, reemplazó al ministro de Relaciones Exteriores, Juan Atilio Bramuglia, de tendencia socialista, por Hipólito Paz de ideas más conservadoras. A causa de intrigas en la Cancillería y algún desdén y faltas de respeto por parte de los nuevos funcionarios, que denunció en una carta a Perón, Ugarte presentó su renuncia al cargo,​ sin por eso dejar de apoyar al gobierno argentino.


Alejado de la función pública decidió visitar nuevamente México donde un grupo de intelectuales realizaron un homenaje en su honor.


En noviembre de 1951 retornó a Buenos Aires con un solo objetivo: votar y apoyar la reelección de Perón. Luego de la reelección del presidente Perón, regresó a Madrid donde permaneció unos pocos días para instalarse nuevamente en Niza donde falleció el 2 de diciembre.


Repatriación de sus restos y homenajes


En noviembre de 1954, Jorge Abelardo Ramos organizó una Comisión de Homenaje, con la finalidad de recibir los restos del gran argentino fallecido en el ostracismo. Los restos de Ugarte llegaron al país acompañados por su viuda, Therese Desmand, y fueron recibidos por varias personalidades en el puerto de Buenos Aires.


En el funeral cívico, que se realizó esa noche en el salón Príncipe George, de Buenos Aires, hablaron el socialista Carlos María Bravo, el comunista-peronista Rodolfo Puiggrós, el diputado nacional peronista John William Cooke y Jorge Abelardo Ramos. Unas cuatrocientas personas concurrieron a la despedida de Ugarte. El presidente Perón envió un telegrama de adhesión. Actualmente sus restos descansan en el cementerio de la Recoleta.


Las ideas de Manuel Ugarte han sido recogidas por la corriente política argentina Izquierda Nacional y, hoy, son principios comunes a los esfuerzos de integración continental y de amplios sectores del nacionalismo latinoamericano.


Jorge Abelardo Ramos fue su principal difusor en la Argentina, de quien era hasta entonces conocido y popular en toda América Latina y un perfecto desconocido en su propia tierra. Abelardo Ramos editó por primera vez en la Argentina varias de sus principales obras, "El porvenir de América Latina" en 1953, La Patria Grande en 1960, la Reconstrucción de Hispanoamérica en 1961, El destino de un continente en 1961 y variados textos en forma de folletos y revistas en los años siguentes. Nuevamente publicó La Patria Grande con téxtos inéditos en México en 1990.


La Revolución Mexicana le puso su nombre a una calle, Francia le otorgó la Legión de Honor.​ En su honor una calle en Coghlan lleva su nombre.


Obra literaria



Paisajes parisienses (1901)

Crónicas del boulevard (1902)

Cuentos de la Pampa (1903)

Mujeres de París (1904)

Visiones de España (1904)

Una tarde de otoño (1905)

Los estudiantes de París (1905)

El arte y la democracia (1906)

La joven literatura hispanoamericana: antología de prosistas y poetas(1906)

Enfermedades sociales (1906)

Burbujas de la vida (1908)

Las nuevas tendencias literarias (1908)

Letras y letrados de Hispanoamérica (1910)

Los cantos de la prisión y el destierro (1911)

Los estudiantes de París (1911)

Poesías completas (1919)

Las espontáneas (1919)


El crimen de las máscaras (1924)

El camino de los dioses (1926)

La vida inverosímil (1927)

El dolor de escribir (1932)

Escritores iberoamericanos del 900 (1941)

La dramática intimidad de una generación (1951

Obra política[editar]

La evolución política y social de Hispanoamérica, 1910

El porvenir de América Latina, 1910

El porvenir de la América Española, 1920

Mi campaña hispanoamericana, 1922

La patria grande, 1922

El destino de un continente, 1923

Ediciones póstumas:

El porvenir de América Latina, con prólogo de Jorge Abelardo Ramos. Editorial Indoamericana. Argentina, 1953

La Patria Grande. Editorial Coyoacán. 1960

Reconstrucción de Hispanoamérica, con prólogo de Therese Desmand de Ugarte. Editorial Coyoacán, 1961

El Destino de un continente, con prólogo de Jorge Abelardo Ramos. Ediciones de la Patria Grande. 1962

La Nación latinoamericana, compilador Norberto Galasso. Biblioteca Ayacucho, José Ramón Medina. 1987

La Patria Grande. Mi campaña hispanoamericana,con prologo de Jorge Abelardo Ramos. Edición de la Embajada de México 1990.​

viernes, 12 de noviembre de 2021

Se cumplen 151 años de La Batalla de Don Cristóbal

 




La Batalla de Don Cristóbal fue un combate librado durante la Rebelión Jordanista el 12 de noviembre de 1870 en la Provincia de Entre Ríos entre las fuerzas de Ricardo López Jordán y las nacionales al mando del general Juan Andrés Gelly y Obes. Aunque la caballería jordanista doblaba en número a la infantería de los nacionales, el combate fue indeciso. Ante la llegada de refuerzos al mando del general Ignacio Rivas, que acudieron en apoyo de Gelly y Obes, las fuerzas de López Jordán se retiraron del campo de batalla.